| DOBLANDO LA ESQUINA.Buscando la estrella |
| Escrito por JVR | |||
| Sábado 29 de Diciembre de 2007 20:58 | |||
CACHIN Y ARMARIZ
El origen de las carreras de
ORIENTACIÓN A CABALLO La orientación deportiva surgió a finales del siglo XIX en los países nórdicos, si bien el hombre lleva orientándose sobre este planeta desde mucho antes de ser hombre. La orientación a caballo es una especialidad de la orientación deportiva, y por lo tanto justo sería ubicarla en el tiempo con posterioridad a la regulación del deporte de orientación. Sin embargo, se han conservado ciertos documentos muy antiguos que dan fe de lo que hoy es considerada como la primera carrera de orientación a caballo de la Historia. Estos manuscritos cuentan que en el territorio ahora conocido como Oriente Próximo, hace poco más de veinte siglos, tuvo lugar una singular prueba de orientación a caballo. En esta primitiva competición se trataba de encontrar un único punto marcado en el mapa. Las monturas utilizadas fueron, ¡cómo no!, esbeltos y elegantes caballos árabes. El concurso, que duró varios días, se desarrolló por terrenos secos y arenosos. Para evitar los rigores de un caluroso verano la carrera tuvo lugar a finales del otoño. Como quiera que las brújulas no comenzaron a utilizarse hasta el año 1100 de nuestra era, los jinetes debían dormir por el día y cabalgar por la noche para así poder orientarse gracias a las estrellas que lucían sobre el despejado cielo del desierto. Cronistas de la época registraron por escrito lo sucedido, por lo que hasta nuestros días se ha conservado de forma fehaciente la clasificación final de la terna de vencedores. El primero en llegar fue un hindú, conocido como Melchor el brahmán; el segundo puesto fue para el griego Gaspar, el hijo de Cleantes; el tercero, egipcio de nacimiento, fue un tal Baltasar de Alejandría, aunque de este último se cuenta que llegó montando sobre un dromedario. El cuarto clasificado, Alí-Hatar, un príncipe etíope, presentó una reclamación por lo que consideraba que había sido una transgresión del reglamento. El egipcio alegó entonces una extraña ley de su país de origen que exigía una cuarentena de seis meses a las caballerías antes de poder tomar parte en una competición. El recurso presentado por el alejandrino prosperó ante el comité organizador. El campeón obtuvo como premio un cofre cargado de oro; al segundo se le otorgó una urna colmada de incienso, y al tercero se le distinguió con un arca repleta de mirra.
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